¡Feliz año!

Como todos los años toca hacer balance de este que se acaba y aunque quería hacerlo de otra manera, no ha sido posible. Pero allá vamos.

En lo profesional una vez más tengo que daros las gracias por haber estado conmigo desde “No me prives en tu piel” que se publicó en enero, hasta “Dímelo en silencio” que fue en octubre. Gracias una vez más por permitirme soñar y acompañarme cuando empecé una nueva etapa. Sin duda en ese ámbito sois lo mejor de este 2016, vosotros, los lectores, la otra mitad de cada proyecto. Nunca tendré palabras para expresar lo que me hacéis sentir con vuestro apoyo. Sois tan especiales para mí que es imposible explicarlo. Gracias, bipolares, porque desde que llegasteis a mi vida, la transformasteis. Os estaré eternamente agradecida

En lo personal… ha sido complicado desde el primer hasta el último día. Así que os confieso que estoy deseando que el 2016 quede atrás y llegue el 2017. Un nuevo año en el que espero poder seguir cumpliendo sueños y disfrutarlo plenamente como no ha terminado de ser posible en este que por fin se marcha.

De todo corazón os deseo lo mejor para el 2017. Feliz año, familia. Se os quiere

Todo empezó a cambiar entre Alexander y Silvia en navidades…

(…) Como de costumbre, rueda de costado. Se deja caer a mi lado. Sin embargo, hoy soy yo quien hace algo que jamás hasta esta noche me he planteado con él. Acorto los centímetros que nos separan y me acurruco en su pecho. Oigo cómo el sonido de su corazón se acelera y no por el momento que acabamos de vivir. Ni por los temblores.
 
Alexander enseguida me tapa el cuerpo ¿con una sábana? Sin decir nada, lo rodeo por la cintura y echo la pierna encima de las suyas. Más se tensa. ¿Qué calla? ¿Qué ha cambiado en horas, días?
 
Estoy nerviosa por el tema que tengo que abordar. No sé cómo se lo tomará. No quiero que piense que se me ha olvidado nuestro pacto, pero Marta tiene razón, si nos apetece, ¿por qué continuar así?
 
—Silvia, mañana a primera hora me voy. Pasaré las navidades en Miami, con mi familia —suelta bruscamente, con las manos aún detrás de la cabeza. No me toca—. Estaré hasta mediados de enero aproximadamente. Tengo planes profesionales y aprovecharé el viaje.
 
«Se marcha».
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Lo único que me nace es abrazarme a él con fuerza, ternura. Hundirme en el hueco de su garganta. Ahí reparto besos tan sutiles que percibo cómo se incomoda. Necesito decirle que quiero que, por primera vez y como ya me pidió, pasemos la noche juntos. Tardaremos en volver a vernos y me gustaría que fuera una bonita despedida.
 
—Alex…
 
—Tengo cosas que hacer, Silvia.
 
De manera esquiva me retira de su cuerpo y alcanza las copas. Tumbada como me encuentro vuelvo a cubrir mi piel, con la fina sábana que, casualmente, no es de otra tela que seda.
 
—He pensado… —intento confesar.
 
—Es mejor que no. Nos vemos a la vuelta. —Me incorporo hasta estar sentada y acepto su copa. Clavo mis ojos en los suyos, buscando entender su negativa—. La llamada de ayer no debió suceder. Lo sé.
 
—Pero Alexander…
 
—Dejémoslo así. —¿Qué? Alza la copa para que brindemos. Sin retirar mi mirada de la suya, lo hago. El sorbo lo doy pensativa—. Hasta hoy creo que hemos sido muy claros el uno con el otro. Tengo compromisos. Pero quiero seguir teniendo mi mensaje con los buenos días, aunque no te responda. Necesito que esperes mi llegada como yo mi vuelta.
 
Bajo la cabeza y sonrío. Soltando la copa. Me ha leído la mente, quitándome un gran peso de encima. Es obvio que quiero seguir conociéndolo. No me imagino todavía no poder disfrutar de él. De lo que vivimos cuando estamos juntos.
 
Lo que se me escapa de las manos es si está pidiéndome esto, ¿por qué lo hace con tanta frialdad y distancia? No entiendo su decisión.
 
—A ver. ¿Entonces por qué indirectamente me estás echando? —cuestiono, poniéndome de rodillas delante—. Quiero saber.
 
—Créeme, es lo más prudente.
 
—Bueno, pero prométeme que si allí…
 
—Nada va a cambiar —zanja cortante. Serio—. Quiero que todo siga como hasta ahora entre nosotros. —Y recalca—: Como hasta ayer.
 
—Vale… ¿Me das un buen beso de despedida?
 
Deja escapar una sonrisa ladeada, de las que tan pocas veces me permite disfrutar. Me empuja hacia él por la cintura y con la mano libre, enreda sus dedos en los mechones sueltos de mi cabello.
 
Suscita un revuelo de cosquillas en mi vientre.
 
—Sé buena —me recuerda.
 
Antes de que pueda responderle me cubre la boca con sus calientes labios. Jadeo, con el corazón encogido. Necesito esto, anhelo un beso tan tierno y suave que consiga derretirme. No de placer.
 
Nos amoldamos el uno al otro como si ya lo hubiésemos hecho tantas veces que encajáramos en uno solo. Su gruñido confiesa que siente lo mismo.
 
¿Qué es esto, Silvia?
 
—Estaré deseando verte de nuevo —murmuro, friccionando mi nariz contra la suya. Mi boca por la comisura de la suya—. No se te ocurra olvidarlo, Alexander Muñoz. O me plantaré en Miami.
 
Vuelve a besarme, lento, con tacto. Joder.
 
—No te creo capaz. Pero yo también y no debo. No yo.
 
—¿Qué? ¿Por qué? —Me separo un poco. Cierra los ojos y une un breve segundo nuestras bocas hasta darme un último ¿beso? Ha sido tan especial que no sé ni cómo llamarlo. No conozco esa sensibilidad. Me falta el aire por el cosquilleo que me ha proporcionado sus labios resbalando sobre los míos—. Dímelo, por favor, Alexander.
 
—No.
 
Me propone otro brindis. Sé que es hora de irme. Y no quiero.
 
—Por meses tan intensos e inesperados como los vividos —pronuncia y me acaricia la mejilla. Beso la palma de su mano. Me acojona sentir esta debilidad—. Silvia… no cambies, pese a todo, ¿vale?
 
—Parece una despedida definitiva —mascullo con hostilidad.
 
—¿Y no quieres?
 
Sé que me pone a prueba. Y sacando mi lado perdido esta noche, hago uso de mi humor, quitándole profundidad a la conversación.
 
—Me dejarías sin sexo. —Doy un sorbo. Me hace falta—. No me apetece de momento ponerme a buscar a alguien que te suplante.
 
—Siempre soltando la frase que menos espero y necesito oír —protesta, chasqueando la lengua—. Por lo mismo regresaré.
 
—Volvemos a estar de acuerdo, ¿no?
 
Me observa a través de sus pestañas, rodando la copa entre sus dedos. Jugando con el filo de esta. Asiente y finalmente se levanta con la mandíbula contraída. Vale, me pongo a su altura.
 
Y acaricio su pecho.
 
—No olvides que a kilómetros de distancia está esa loquilla esperándote para seguir disfrutando, conociéndote… Calmar ansias.
 
—Lo tengo presente —contesta con voz dura.
 
Desvía la mirada al tiempo que vuelve a beber y no sé por qué, presiento que me oculta algo. Algo que lo aleja un poco. Que le duele.
 
—Nos vemos a tu vuelta —recalco. No puedo evitar abrazarlo. Alexander, aunque tenso, me rodea con la misma fuerza, desesperación que ha exteriorizado al hacerme suya esta noche. Lo nuestro es más que sexo. Soy consciente al saber que se va—. Promételo.
 
—Te lo prometo, Silvia… Te lo prometo.
 
Abandona un sentido beso en mi frente y reconozco que ya lo echo de menos. No tengo motivos. Pero ya no hay modo de controlar esto. (…)
 

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¡Nueva etapa y aventura!

Tras mucho pensarlo he seguido los consejos de muchas de vosotras, las bipolares. Ha sido un año complicado y como he comentado en más de un proyecto, no quiero quedarme con la espina de… ¿y si hubiera…? Espero que con esta nueva aventura y después de haber estado algo desaparecida debido a los cambios importantes que ha habido en mi vida en los últimos meses, podamos estar más cerca, ayudar en lo que sea posible, que nos conozcamos y sobre todo, divertirnos con contenidos que vosotr@s mismos propongáis para que así sea. Y que yo estaré encantada de hacer.

Por cierto… confieso que me veo muy cohibida y que repetí el vídeo mil veces, atacada por lo nervios, pero al mismo tiempo ilusionada de empezar otra etapa en la que espero que me acompañéis y abrirme como no soy capaz en público. ¡A ver si sirve como terapia para superar esos miedos!

Gracias por todo una vez más. Os quiero, bipolares.