Archivo de la etiqueta: Dímelo en silencio

Gastos de envíos gratis:

¡Chicas! Durante unos días la bilogía En plena confusión #Dividida #Decidida y Dímelo en silencio (últimos ejemplares) firmados, dedicados y gastos de envíos gratuitos (España). Si queréis haceros con alguno de ellos o con todos, no dudéis en contactarme (patricia_geller@hotmail.com) Este envío sale el martes <3

Os dejo aquí todos los datos actualizados para que no tengáis ninguna duda y modo de pago:

Seguir leyendo Gastos de envíos gratis:

Noticias de Dímelo en silencio:

Hola, bipolares, os tengo que contar algunas noticias sobre Dímelo en silencio, el último proyecto que publiqué en octubre.

En digital ha sido retirado temporalmente y volverá a publicarse junto con otros dos nuevos proyectos que se relacionan entre sí, ¡ya os contaré más adelante cuando pueda y cuando se acerquen las fechas! Por otro lado, quería comentaros que en papel también será retirado muy pronto. Pero por si os interesa, podéis adquirir aún ejemplares para enviároslo firmados y dedicados a 14,50€, con gastos de envíos incluidos, ¡los últimos! Cualquier duda ya sabéis que podéis encontrarme a través de mi correo siempre que lo necesitéis patricia_geller@hotmail.com.

Pronto os traeré más novedades que me hace muchísima ilusión, espero que a vosotros también. ¡Mil gracias por tanto!

Todo empezó a cambiar entre Alexander y Silvia en navidades…

(…) Como de costumbre, rueda de costado. Se deja caer a mi lado. Sin embargo, hoy soy yo quien hace algo que jamás hasta esta noche me he planteado con él. Acorto los centímetros que nos separan y me acurruco en su pecho. Oigo cómo el sonido de su corazón se acelera y no por el momento que acabamos de vivir. Ni por los temblores.
 
Alexander enseguida me tapa el cuerpo ¿con una sábana? Sin decir nada, lo rodeo por la cintura y echo la pierna encima de las suyas. Más se tensa. ¿Qué calla? ¿Qué ha cambiado en horas, días?
 
Estoy nerviosa por el tema que tengo que abordar. No sé cómo se lo tomará. No quiero que piense que se me ha olvidado nuestro pacto, pero Marta tiene razón, si nos apetece, ¿por qué continuar así?
 
—Silvia, mañana a primera hora me voy. Pasaré las navidades en Miami, con mi familia —suelta bruscamente, con las manos aún detrás de la cabeza. No me toca—. Estaré hasta mediados de enero aproximadamente. Tengo planes profesionales y aprovecharé el viaje.
 
«Se marcha».
15675731_10206377022503200_1817705105006816232_o
 
Lo único que me nace es abrazarme a él con fuerza, ternura. Hundirme en el hueco de su garganta. Ahí reparto besos tan sutiles que percibo cómo se incomoda. Necesito decirle que quiero que, por primera vez y como ya me pidió, pasemos la noche juntos. Tardaremos en volver a vernos y me gustaría que fuera una bonita despedida.
 
—Alex…
 
—Tengo cosas que hacer, Silvia.
 
De manera esquiva me retira de su cuerpo y alcanza las copas. Tumbada como me encuentro vuelvo a cubrir mi piel, con la fina sábana que, casualmente, no es de otra tela que seda.
 
—He pensado… —intento confesar.
 
—Es mejor que no. Nos vemos a la vuelta. —Me incorporo hasta estar sentada y acepto su copa. Clavo mis ojos en los suyos, buscando entender su negativa—. La llamada de ayer no debió suceder. Lo sé.
 
—Pero Alexander…
 
—Dejémoslo así. —¿Qué? Alza la copa para que brindemos. Sin retirar mi mirada de la suya, lo hago. El sorbo lo doy pensativa—. Hasta hoy creo que hemos sido muy claros el uno con el otro. Tengo compromisos. Pero quiero seguir teniendo mi mensaje con los buenos días, aunque no te responda. Necesito que esperes mi llegada como yo mi vuelta.
 
Bajo la cabeza y sonrío. Soltando la copa. Me ha leído la mente, quitándome un gran peso de encima. Es obvio que quiero seguir conociéndolo. No me imagino todavía no poder disfrutar de él. De lo que vivimos cuando estamos juntos.
 
Lo que se me escapa de las manos es si está pidiéndome esto, ¿por qué lo hace con tanta frialdad y distancia? No entiendo su decisión.
 
—A ver. ¿Entonces por qué indirectamente me estás echando? —cuestiono, poniéndome de rodillas delante—. Quiero saber.
 
—Créeme, es lo más prudente.
 
—Bueno, pero prométeme que si allí…
 
—Nada va a cambiar —zanja cortante. Serio—. Quiero que todo siga como hasta ahora entre nosotros. —Y recalca—: Como hasta ayer.
 
—Vale… ¿Me das un buen beso de despedida?
 
Deja escapar una sonrisa ladeada, de las que tan pocas veces me permite disfrutar. Me empuja hacia él por la cintura y con la mano libre, enreda sus dedos en los mechones sueltos de mi cabello.
 
Suscita un revuelo de cosquillas en mi vientre.
 
—Sé buena —me recuerda.
 
Antes de que pueda responderle me cubre la boca con sus calientes labios. Jadeo, con el corazón encogido. Necesito esto, anhelo un beso tan tierno y suave que consiga derretirme. No de placer.
 
Nos amoldamos el uno al otro como si ya lo hubiésemos hecho tantas veces que encajáramos en uno solo. Su gruñido confiesa que siente lo mismo.
 
¿Qué es esto, Silvia?
 
—Estaré deseando verte de nuevo —murmuro, friccionando mi nariz contra la suya. Mi boca por la comisura de la suya—. No se te ocurra olvidarlo, Alexander Muñoz. O me plantaré en Miami.
 
Vuelve a besarme, lento, con tacto. Joder.
 
—No te creo capaz. Pero yo también y no debo. No yo.
 
—¿Qué? ¿Por qué? —Me separo un poco. Cierra los ojos y une un breve segundo nuestras bocas hasta darme un último ¿beso? Ha sido tan especial que no sé ni cómo llamarlo. No conozco esa sensibilidad. Me falta el aire por el cosquilleo que me ha proporcionado sus labios resbalando sobre los míos—. Dímelo, por favor, Alexander.
 
—No.
 
Me propone otro brindis. Sé que es hora de irme. Y no quiero.
 
—Por meses tan intensos e inesperados como los vividos —pronuncia y me acaricia la mejilla. Beso la palma de su mano. Me acojona sentir esta debilidad—. Silvia… no cambies, pese a todo, ¿vale?
 
—Parece una despedida definitiva —mascullo con hostilidad.
 
—¿Y no quieres?
 
Sé que me pone a prueba. Y sacando mi lado perdido esta noche, hago uso de mi humor, quitándole profundidad a la conversación.
 
—Me dejarías sin sexo. —Doy un sorbo. Me hace falta—. No me apetece de momento ponerme a buscar a alguien que te suplante.
 
—Siempre soltando la frase que menos espero y necesito oír —protesta, chasqueando la lengua—. Por lo mismo regresaré.
 
—Volvemos a estar de acuerdo, ¿no?
 
Me observa a través de sus pestañas, rodando la copa entre sus dedos. Jugando con el filo de esta. Asiente y finalmente se levanta con la mandíbula contraída. Vale, me pongo a su altura.
 
Y acaricio su pecho.
 
—No olvides que a kilómetros de distancia está esa loquilla esperándote para seguir disfrutando, conociéndote… Calmar ansias.
 
—Lo tengo presente —contesta con voz dura.
 
Desvía la mirada al tiempo que vuelve a beber y no sé por qué, presiento que me oculta algo. Algo que lo aleja un poco. Que le duele.
 
—Nos vemos a tu vuelta —recalco. No puedo evitar abrazarlo. Alexander, aunque tenso, me rodea con la misma fuerza, desesperación que ha exteriorizado al hacerme suya esta noche. Lo nuestro es más que sexo. Soy consciente al saber que se va—. Promételo.
 
—Te lo prometo, Silvia… Te lo prometo.
 
Abandona un sentido beso en mi frente y reconozco que ya lo echo de menos. No tengo motivos. Pero ya no hay modo de controlar esto. (…)
 

Seguir leyendo Todo empezó a cambiar entre Alexander y Silvia en navidades…

¡Black Friday! Gastos de envíos gratis en Dímelo en silencio:

#DímeloEnSilencio en versión #PAPEL, #firmado y #dedicado se suma hoy al #BLACKFRIDAY ¿Cómo? Con #GastosDeEnvíoGRATIS a nivel nacional (España)

Si queréis adquirir un ejemplar podéis poneros en contacto conmigo: patricia_geller@hotmail.com

Feliz día y no gastéis mucho, jiji <3

Seguir leyendo ¡Black Friday! Gastos de envíos gratis en Dímelo en silencio:

Una de mis escenas preferidas:

#DímeloEnSilencio

Saco las llaves. Con temor y un suspiro expresando mi estado, abro la puerta. Alexander se encuentra desquiciado, caminando de un lado al otro. Fumando sin cesar. Solo… De pronto siento como si un peso que no es visible se desprendiera de mí. No hay nadie más. Mira hacia donde estoy, exteriorizando rabia, dolor. Está muy enfadado.

—¿Podemos hablar? —le pido, soltando mis cosas.

Apaga el cigarrillo y con la mandíbula en alto, afirma sin más.

—¿¡Cómo has sido capaz de atreverte a esto!? —le reclamo permitiendo que mi furia se desate. Duele mucho. Llego hasta él y le golpeo el pecho. Me encarcela las manos—. ¡Suéltame! ¿¡Cómo te ha podido faltar tiempo para salir, aunque solo sea a cenar con otra!? ¡Yo no he dejado de lamentarme desde que te fuiste de mi casa! Y tú mientras…

Me desmorono, rompiendo a llorar.

—¡Háblame, joder! —suplico entre lágrimas.

—¿Estás segura?

—¡No empieces con preguntas estúpidas!

Me lleva hasta el sofá y me deja ahí.
Yo no puedo apartar mis ojos de él. De la impotencia que manifiesta sin palabras. Como de costumbre. ¿Estallará de una vez?

—Cómo te has atrevido tú a dudar de lo nuestro —replica, lanzando a lo lejos algo que tenía en la mano—. ¡Sabes que lo eres todo para mí!
»Dime tú cómo has sido capaz de en un día como hoy, que a estas horas nos estábamos conociendo hace nueve meses, permitir que lo pasemos así. ¡Tenía imaginado los cuatro días más especiales para nosotros! Empezaba esa noche, Silvia. Y acababa hoy.

—D-De qué hablas.

—¡Me echaste! —Va de nuevo hacia donde ha tirado el objeto. Se queda de espaldas—. Esas putas fotos son de una cena de trabajo. Había más gente, pero no ha interesado contarlo. Perfecto. Lo que me duele es que, por un segundo, hayas pensado que es real.

Me siento tan avergonzada que no soy capaz de ir hasta donde Alexander está paralizado. Pensando no sé qué cosas. ¿De verdad soy tan imbécil? Ha tenido que pasar esto para aceptar que con él hasta el fin del mundo. Sin importar en qué condiciones. Solo juntos.

—¿Has venido a esto, Silvia? —Agacho la cabeza cuando se arrodilla delante de mí—. Es urgente que me respondas, por favor.

—¿Es necesario que te explique que no puedo perderte? —Se me desgarra el alma al pronunciarlo—. No lo soportaría. Te quiero demasiado. He llegado a pensar que no soy la mujer ideal para ti, para la vida que tienes, pero hoy he descubierto que soy demasiado egoísta.

Seguir leyendo Una de mis escenas preferidas: